INCENDIOS FORESTALES Y MEDIO AMBIENTE.
Si le preguntamos al ciudadano de a pie cuál es la principal amenaza medioambiental o ecológica del planeta, la mayoría diría que el cambio climático, algunos que la tala de las selvas.

Pero si nos preguntaran a los profesionales forestales, me atrevo a pensar que la mayoría opinaría que el primer problema medioambiental son los incendios forestales, al menos en España, sin quitar importancia a otros temas.
En nuestro entorno más cercano y en un marco temporal reciente hemos sufrido varias catástrofes de más de 4.000 hectáreas, algunas han superado ampliamente las 20.000 (este fenómeno es extensivo a la mayor parte de España y a otros territorios como California, sur de Australia, etc.). Para hacernos una idea de la magnitud de estos incendios, baste compararlas con espacios conocidos de nuestro entorno más cercano, por ejemplo: la superficie del P.N. de Sierra Mágina es de 19.000 ha., la superficie arbolada del mismo es 6.000 ha. Es decir, un incendio de estas características se lleva por delante toda o casi toda la superficie forestal de este Parque.
¿Por qué existe esta situación de riesgo de nuestros montes?
En primer lugar por los rigores estivales de nuestro clima mediterráneo, pero también por las circunstancias que se dan en nuestros montes:
· En numerosas fincas, tanto privadas como públicas, existe una excesiva densidad de arbolado y de matorral, lo que contribuye a la propagación del fuego. La administración forestal hace grandes esfuerzos para financiar obras forestales que mejoren esta situación, pero estos trabajos son caros y los fondos no son suficientes para tener las masas forestales en el estado deseado.

· Por lo general, el monte no tiene aprovechamiento, no tiene uso, salvo el de dar un paseo de vez en cuando.
· Las “externalidades” del monte (producción de oxígeno, regulación de cauces, paisaje, recreo, corrección de la erosión, etc.) no están valoradas ni económica ni socialmente.
· La presión humana es cada vez mayor: urbanizaciones, turismo, “botellonas”, furtivos, etc.
· Necesidad de aumentar las infraestructuras, sobre todo pistas forestales.
· Necesidad de un cuerpo de agentes de la autoridad que vigilen el monte.
¿Qué se puede hacer para corregir esta situación?
· En primer lugar, debemos concienciarnos de que tenemos un problema y de la necesidad de intervenir en el monte para prevenir los incendios forestales.
· Respecto a los montes privados, de su buen estado se beneficia toda la sociedad por los bienes directos e indirectos que producen. Por tanto, sería conveniente reducir las restricciones para la gestión de estas fincas, simplificar la normativa y aumentar las subvenciones.
· Es fundamental sacarle algún provecho al monte para que la gente vea en él una fuente de ingresos: madera, biomasa (leña y astillas), setas, etc., lo cual debe ir acompañado de una industria de primera transformación. Si el monte creara beneficios directos para la población local, la gente lo cuidaría y procuraría que no desapareciese.
· Hay muchas actividades económicas que, bien reguladas, no sólo son compatibles con la conservación, sino que contribuyen a mejorar el estado de los bosques: turismo rural, caza, pastoreo, etc.
· Tan importante o más que lo anterior es valorar las externalidades: Si arden los bosques aumentan las riadas y la erosión, se pierde el paisaje, la caza, se contaminan los acuíferos con las cenizas y dicen los expertos que llovería menos, ¿cuánto se perdería por los da

ños materiales que ocasionan las riadas?, ¿y en calidad de vida?, ¿quién querría ir a pasear a un pinar chamuscado? ¿No es este motivo suficiente para tomarse en serio el cuidado de los montes, aunque no dieran renta dineraria? Invertir en este menester es siempre una inversión rentable.
· Por todos estos motivos, es necesario volver a tener agentes de la autoridad con presencia permanente.
Epílogo
Debemos concienciarnos todos de la fragilidad de nuestros montes, de la necesidad de cuidarlos y de actuar en ellos, porque el abandono del monte, el no hacer nada, es el principal aliado del fuego.
Y recordar que cualquier día la sierra de nuestro pueblo o comarca puede ser arrasada por un gran incendio forestal.